viernes, 10 de julio de 2026

Vivario

 



Hay un gato violeta

aplastando mi vientre,

una avispa de vidrio

mordisquea mis labios

libando entre mis piernas,

mosquitos escarlatas

zumban en mis oídos

babeando miel rosada:

llevo miles de años orbitando

dentro de este vivario de cristal.

De vez en cuando distingo

la figura distorsionada de un hombre

y vibro de ilusión, porque recuerdo

que en el antiguo mundo

toda forma de vida se ha extinguido;

por eso me emociona

que alguien observe

mientras los cables vivos

de una medusa eléctrica

flotan sobre mi cuerpo;

dulces descargas hormiguean en mi ombligo

y evaporan el rocío que lo cubre.

Los animales vuelan, trepan, se arrastran.

Mi cuerpo yace, transpirado y húmedo.

Una culebra azul se me mete en la boca

y sale por mi oído,

mis pezones erectos reciben su mordida;

luego me arrulla el canto

de grillos nacarados.

La figura del hombre sigue ahí,

hace ruidos extraños

que traspasan la falsa atmósfera;

juraría que gime.

¿Han pasado para él miles de años?

Quiero yacer sobre este musgo espeso

mientras el cielo rojo me cubre con sus lunas

y la noche succiona con fuerza mis respiros 

provocándome espasmos.

No quiero

aplastar mi cara contra el cristal de este vivario,

descubrir el encierro

y no dejar de ver al hombre

que hace extraños sonidos.

No quiero ver

cómo alza los brazos al cielo,

cómo ve

que no me puede alcanzar,

cómo se queja...


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