16.8.18

Diría que no


Diría que no muero.

Que mi esqueleto sigue
teniendo sensaciones
junto con mi piel.

Diría que subsisto.

Pero aquí estoy y muero,
contando los respiros
mientras tú me vigilas,
saqueador de cadáveres.
Obra de Egon Schiele

16.7.18

Intento

He dejado de ser yo;
siento frío en los pies
aun detrás de la cortina,
la piel, babosa y frágil,
se retuerce debajo de las piedras.
Me busco y no me encuentro
en esta casa que es una caverna
donde aún no existe el fuego
y esa otra que soy yo
mira desde la oscuridad
tratando de dar palos al agua.



















Imagen: Obra de Karina Marandjian
http://15545.portfolio.artlimited.net/

Pregunto

http://www.joewebbart.com/store/embrace-magritte
¿Dónde fueron,
indolentes,
los dientes 
de tu risa
si tu boca
rebota
en el espejo?

Gravedad

Un paso más,
un hueso,
y caigo 
de la gota
al pozo.


Daniel Rueda/Anna Davis Benet
https://www.schirn.de/en/magazine/context/magritte/instagrammer_daniel_and_anna/

12.8.17

Arroz chino y suerte



En Chicago, la ciudad de los vientos, los insectos y los gatos se adueñan de los meses de verano. Los gatos se tiran a dormir en las escaleras de las entradas. Las abejas zumban sobre las margaritas silvestres y las moscas existen hasta que el sol se oculta, casi a las 10 de la noche. Tiene un clima de locos; lo mismo puede estar a 80 grados con un sol espléndido que cambiar a 68 con vientos fuertes, todo mientras terminas de cerrar la puerta después de salir y darte cuenta que debiste haber traído tu suéter.

Chicago huele de un modo peculiar en el verano. Es un olor que todavía no puedo nombrar pero que flota denso en el ambiente, igual que los enjambres de moscas sobre los zafacones. Persiste -aun- sobre el aroma humeante de la comida del restaurante chino donde compro la cena de vez en cuando. Hace unos días entré, desorientada porque en mi reloj eran las 8 de la noche, y el sol estaba todavía alto. Pido arroz frito y vegetales salteados. Salgo cargando mi cena. Viento fuerte. Todavía busco un nombre para el olor de este verano. Ya en casa, la galleta de la suerte me presagia que este año me traerá maravillosas nuevas experiencias. Y yo sin mi suéter.