18.2.17

Esa extraña manera de querer




Te quiero, sí. Pero déjame que te explico. Hay momentos en que quiero guardarte entre mis cosas; ponerte entre las páginas de un texto de Bukowski (que me gusta mucho); meterte en la nevera para más tarde – te dejaría sobre la mesa, pero el calor... no sé -  Te quiero, claro que sí. Pero es que también quiero mi cepillo de dientes, mi bolígrafo, mi desayuno y mi helado de fresa. Lo cual no significa que no te quiera, solo que a veces quiero ser una persona, de esas que van al baño, de esas que no contestan las llamadas, que quieren sexo a veces. Una persona así, fuera de la vitrina o del velo con que me cubres. Que querer no es de las cosas que uno hace todos los días.




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4.7.16

Made in China

Esta ciudad es como una pulguilla
en donde todo sirve y todo es como nuevo.
Tiene casitas de ladrillo y tazas de café,
cerezas y aguacates y sandías
y paletas de helado y cigarrillos
y hay charcos en la calle y tiene flores
en todas las aceras y en las casas.
Esta ciudad es como un rastro
de cúpulas de iglesia y crucifijos,
de bolsos y zapatos y pantuflas,
de libros en inglés y abrigos y bufandas.
Es como abrir la puerta de un prostíbulo
y ver culos y labios y entrepiernas
abiertos a la luz y saxofones
y fuegos en el aire, artificiales.
Esta ciudad se muere y resucita;
está si abro la puerta, y se me ofrece
si pienso en un objeto necesario.
Esta ciudad es útil
para tragar el llanto como se traga el aire
y es como una navaja carcelaria:
traidora y solo un golpe.


28.5.16

Poema en una caja

Si tomara un pedazo de papel
y anotara una fecha
y me detuviera un rato frente a él
mirando su blanco infinito,
ese blanco infinito de óvulo palpitante
y lo colocara luego en una caja,
ahogado ya de flotar
esperando por mis dedos de flagelo,
¿estaría presagiando alguna muerte?

24.5.16

Polvo en el aire


Voy taconeando por la acera a las ocho de la mañana. En el restaurante de comida rápida un muchacho desgarbado limpia los cristales. Miro adentro. Me miro el reloj. Decido que no voy a entrar. Sigo taconeando calle arriba, abriéndome paso entre los estudiantes y los billeteros, luchando con mi cartera y el vuelo de mi vestido; estamos en marzo y la brisa de cuaresma parece que se estira sobre las copas frondosas de los árboles, se desliza sobre el piso y levanta un polvo cargado de diminutas piedras.

Vuelvo a mirarme el reloj. El problema de la distancia aún es salvable. Vuelo 860, asiento 22F.  Pienso que ya ha pasado mucho tiempo. Que el taconeo terminará pronto sobre el alfombrado. Que me sentaré pegada de la ventanilla procurando que el ruido de la turbina ahogue el delgado soplo de aire entre mis dientes mientras lo imagino sujetándome contra la puerta de la cabina, poniéndome de espaldas, subiéndome el vestido, esperándome.

20.5.16

Cirugía

Me entra sin disculpas,
me muta los tejidos,
las medidas antiguas,
las venas y las aguas
y más adentro,
donde están,
me hurga las heridas
las refriega;
me duele,
cloroformo y azúcar,
me arden en la sangre,
uno a uno,
sus dedos de algodón.