sábado, 13 de junio de 2015

Animal

Siempre tiemblo cuando llega la noche. La oscuridad es densa pero aún puedo ver los dientes afilados, el hocico babeante. Oigo el sonido ronco de su respiración y percibo el modo violento de mover su enorme cuerpo mientras camina los pequeños espacios de la casa. Mi pulso se acelera, la ansiedad me duele y tiemblo cuando por fin veo que expande su tórax, de un salto saca las garras, se encorva y me protege del frío.
Obra de Livio Moiana






Cuestión de piel


Al final, me da igual un brazo, 
una pierna, los dedos de la mano, 
los labios mayores o menores 
o los testículos; 
el placer de sentirlos en mi boca 
es siempre el mismo. 
Así hablaba, eufórico, el gusano
mientras se arrastraba sobre un pecho 
y sus compañeros, fascinados, 
devoraban el cadáver.

Ilustración por ©Beatriz Vázquez Torres
Todos los derechos reservados


Voyeur

Si supiera ella
que mientras me endulzo el café
y muerdo mis tostadas
sentada frente a mi mesa
que fácilmente acomoda a seis personas
la dejo que me observe;
le permito que siga
mis pasos por la casa:
lavo la ropa y mira,
enjuago un plato y mira,
trapeo el piso y mira.
Toda esta rutina que transcurre
a través de su ojo de hierro
termina cada noche
cuando la miro sobre la cama
imitando a los gatos y a los perros,
debajo y sobre un cuerpo,
mordiéndose los labios,
secándose el sudor
debajo de la nariz,
sonriendo ante el recuerdo
de la taza de café sobre la mesa,
juro, no la conozco.


Obra de Ermanno Ivone



Santa

La procesión quema sus cruces.
Los mantos son sagrados,
y las sábanas.
Los peces saltan vivos en la mesa.
Y en la garganta algo se mueve,
como una espina.